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* Mujeres

La señora dueña de la casa llama a casimira la sirvienta o mucama y le dice:

"Clodomira a partir de mañana queda despedida, no aguanto mas sus malos genios y su alboroto aquí en la casa."

La sirvienta le contesta:

"Ay mi señora, usted me despide porque tengo una cara mas bonita que usted."

"No sea atorrante", le contesta la señora "¿quien te ha dicho esto?"

"Su esposo mi señora", contesta la muchacha.

"Arregla tus cosas y te vas le dice la señora."

"Si mi señora, pero estoy segura que usted me echa porque tengo las piernas más bonitas que usted."

"¿Pero quién te dijo eso?"

"Su esposo mi señora."

"Salga inmediatamente de esta casa, pedazo de mugre."

"Está bien mi señora... pero estoy segura que usted me despide porque en la cama hago mejor el amor que usted."

"¡Fuera de mi casa! ¿Ahora me vas decir que eso también te lo dijo mi esposo?"

"No mi señora, en eso su esposo si es muy respetuoso. Eso me lo dijo su chofer..."

 

Entró la madre de la adolescente a la habitación de ésta y encontró sobre la cama un consolador de baterías, doce pulgadas de largo, acrílico azul semi-transparente, cabeza ancha y suspensión reforzada. Angustiada la madre decide, después de mucho pensarlo, enfrentar directamente el tema con su hija.

Cuando ésta llega del colegio le dice:

"Hija, quiero que hablemos de esto (mostrándole el consolador). ¿Puedes explicarme qué significa?"

"Fácil -dice ella- Tu me has enseñado que debo tener una sexualidad responsable y por lo mismo he decidido dar satisfacción a mi calentura y alboroto hormonal con este consolador que no me contagia de SIDA, no me embaraza, no me regaña, ni me grita ni me pone los cuernos."

La madre la mira seriamente, pensando en su interior. Le parece muy lógico y razonable lo que escuchó y decide dejarla seguir con su consolador. Días después la hija llega del colegio y al entrar a la sala ve a su madre con un vaso de whisky en una mano y con el consolador en la otra.

La hija la mira aterrada y le exclama:

"!Mamá, ¿qué haces con Andrew?" (¿por qué las mujeres le pondrán nombre a todo?)

La madre que ya está medio pea, la mira a los ojos y tranquilamente le dice:

"¿Qué, acaso no puedo hecharme unos traguitos con mi yerno?"

 
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