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* Religiosos

Este muchacho, Juan, va a la iglesia a confesar sus pecados. "Padre" dice Juan "he pecado". El padre responde "dime, hijo, libera tus pecados". Juan prosigue: "Padre, el lunes estaba en la casa de mi novia y Padre, la casa sola, ella sola, yo solo; Padre pequé". El Padre contesta: "No te preocupes, hijo. Es natural en un muchacho joven como tu el tener esos pensamientos y compartitlos con tu novia. No es un pecado grande, asi que dos rosarios te liberaran de culpa"

"Es que Padre" interrumpe Juan "esto no termina ahi. El martes, estaba en la casa de mi novia y estaba la mama de mi novia y bueno, ella sola, yo solo, la casa sola... Padre, pequé".

"HIJO" dice el padre "debes ser mas cauteloso y tratar de aguantar esos impulsos. Ocho rosarios te liberan de culpa". A lo que Juan responde: "es que Padre, el miércoles estaba en la casa de mi novia y la tía estaba ahi. Y bueno, ella sola, yo solo, la casa sola, Padre pequé." El padre ya sorprendido, le dice a Juan: "Hijo, tienes mas trabajo que hacer. Piensa lo que hiciste y reza..." Juan interrumpe al padre otra vez: "Padre, es que el jueves estaba en la casa de mi novia y allí estaba su abuelita. Ella sola, yo solo, la casa sola. Padre, padre pequé una vez mas".

Un silencio absoluto se apoderó de la iglesia. El padre no contestaba. "Padre, Padre" gritó Juan mientras lo buscaba. Al fin lo vio, agarrado de uno de los abanicos del techo. "Pero, padre, que hace usted ahí arriba". A lo cual el nervioso padre contesta: "Hijo, hoy es domingo... Yo estoy solo, tu estas solo, la iglesia esta sola, y no quiero que peques más".

 

Se encuentran un inglés, un alemán y un español en un bar a tomar unas copas juntos. De repente el inglés les dice a los otros: -Oye, ese de ahí de en frente es igualito que Jesucristo.

-Bah!, qué va a ser Jesucristo.

-Que sí, que sí. Pero si es igualito. La barba, la túnica... ¡Ese de ahí es Jesucristo seguro!

-¡Que no hombre, que no!

Se levanta el inglés, se dirige hacia el hombre de la mesa de en frente y le pregunta:

-Tú eres Jesucristo, ¿verdad?

-¿Yo? ... Yo que voy a ser Jesucristo. ¡Pues claro que no!

-Que sí tío, que tú eres Jesucristo.

-¡Que no lo soy, pero habla más bajo hombre!

-¡Que sí, que yo sé que tú eres Jesucristo!

Y tanto le insiste que ya el hombre le susurra al inglés: Mira, efectivamente soy Jesucristo, pero por favor habla bajito y no se lo digas a nadie porque me vas a formar un escándalo impresionante en el bar. Como los demás se enteren verás.

Y el inglés loco de alegría le dice:

-Tengo una lesión en la rodilla que me hice de pequeño haciendo deporte. Por favor, cúrame

-No mira, milagros no. Que luego vas, se lo cuentas a tus amigos y me tiro toda la tarde haciendo milagros.

-Por favor, por favor. Cúrame, venga cúrame. Por favor.

-¡Que no!

Y el inglés le insiste tanto que finalmente Jesucristo le pone la mano sobre la rodilla y le cura. Y dice el inglés:

-¡Muchas gracias! Te estaré siempre agradecido. Gracias de verdad.

-Bueno, vale, vale. No grites y vete. Pero eso si, no se lo cuentes a nadie.

Y el inglés se va a su mesa y, claro, se lo cuenta todo al alemán y al español. Se levanta el alemán y va corriendo hasta la mesa de Jesucristo y le dice:

-Oye, que me ha dicho mi amigo que tú eres Jesucristo.

-¡Joder! No grites y vete que yo no soy Jesucristo.

Y le insiste tanto que al final lo reconoce y le dice:

-Mira, pues sí, soy Jesucristo, pero cállate y no grites porque la gente del bar ya se está empezando a mosquear y me voy a tener que marchar de aquí.

Y el alemán le dice:

-Tengo un ojo de cristal. Por favor cúrame.

-Mira, más milagros no porque tu compañero te lo ha contado a ti y tú se lo vas a contar a todo el mundo.

Que no, de verdad, que no se lo contaré a nadie.

Y le insiste tanto que finalmente Jesucristo le pone la mano en el ojo y se lo cura.

-¡Gracias, muchas gracias, de verdad!

Y el alemán se va a su mesa y se lo cuenta a sus amigos.

Entonces Jesucristo empieza a pensar que en breves instantes aparecerá por allí el español queriendo, como todos, que le cure ésta o aquella cosa. Pero el tiempo pasa y el español no viene, y no viene, y no viene. Y entonces Jesucristo, ya mosqueado y picado por la curiosidad, se levanta y se va hacia la mesa donde están los tres y poniéndole la mano en el hombro al español le pregunta:

-Oye, ¿tú por que no...

Y el español salta de la silla y apartándose violentamente le dice:

¡Eeeeh, tú! ¡Sin tocar, que estoy de baja

 

 
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